Ya habíamos escuchado la Ronda en CD, y su música popular y de estilo folklórico nos llegó al alma, hasta el punto que una de sus canciones (“El país perdido” que se ha llegado a convertir en el himno de la comarca) sonó en nuestra boda. Pero no habíamos VIVIDO la Ronda todavía… y la experiencia es emocionante.
Es una expresión de patria en el sentido más amplio, una actividad que aúna la gente, que afianza el sentimiento de pertenencia a un lugar, a un grupo, a una sociedad con tus mismas aficiones y sentimientos. Este tipo de cosas traspasan fronteras, y aunque aun no podemos considerarnos del todo boltañeses, el sentimiento que se respira cuando todo un pueblo canta a coro “Días de albahaca” mientras llueven ramas perfumadas de un balcón, o “Habanera triste” con todos los pensamientos y corazones puestos en Jánovas, ese sentimiento te llega al corazón y hace humedecer los ojos. La sorpresa de ver mi corazón unir latidos con el grupo que rondaba me hizo sentirme un poco más boltañesa. También hizo que acompañáramos a la Ronda durante toda la tarde, y nos uniéramos a su fin de fiesta en el local que tienen en la plaza de la iglesia, donde ofrecieron, otra vez, comer y beber a quien lo necesitara.
Además, el Heraldo de Aragón publicó ayer una foto que da testimonio de nuestra afición a La Ronda.
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