dimecres, de gener 02, 2008

... y conclusión

Este es el final (más o menos feliz) de la historia de este amigo mío:

"La vida, por suerte y a pesar de los indeseables que habitan este planeta, tiene en ocasiones momentos que le hacen a uno reconciliarse con la especie humana. Hoy he vivido en primera persona una de esas situaciones, con origen en el robo que sufrí el otro día en la Estación Sur de Autobuses de Madrid.

Al revisar el miércoles las llamadas perdidas que había recibido en mi teléfono móvil en los tres días anteriores, encontré una de origen desconocido. Aunque habitualmente no devuelvo llamadas procedentes de números desconocidos, en ese caso hice una excepción. Al otro lado del teléfono se encontraba Urbano, un señor al que, efectivamente, no conozco de nada. "Le he llamado porque el lunes encontré por casualidad, en la Estación Sur de Autobuses, un bolso que contenía varios efectos personales y documentación a su nombre", me dijo. Entre ese contenido había una tarjeta de visita; gracias a ella, me ha podido llamar. "Y, en este momento, al ver que no conseguía localizarle, iba a mandarle un correo electrónico", añadió.

En un correo-e de ayer, jueves, Urbano me comentó además lo siguiente: "La casualidad quiso que yo tuviera que esperar media hora en dicha estación y opté por sentarme. En ese momento me di cuenta de que observaban tu cartera. Llamé a seguridad para que se hicieran cargo y no quisieron (los que observaban dijeron que una pareja se la dejó). Nadie quiso hacerse cargo y la policía hasta las nueve de la mañana no llegaba. Me lo traje y lo demás lo conoces. Sólo que en el interior no va el efectivo de que me hablas, todo lo demás sí. Hoy voy a una mensajería a enviártelo". Y hoy, viernes, he recibido mis cosas.

Este gesto, como podréis imaginar, me ha evitado muchos trámites de solicitar duplicados de la documentación que alguien me había quitado. Y también me ha ahorrado el dinero que me hubiese terminado gastando en... ¿Alguien lo adivina? Sí, os hablo de mi cámara de fotos, con sus dos tarjetas de memoria y sus cuatro pilas recargables. Aún, por más vueltas que le doy al tema, no he conseguido salir de mi asombro: ¿Cómo hay algún ladrón que me roba el bolso, se queda el poco dinero que llevaba y, sin embargo, me deja una cámara que vale bastante más? También he recuperado un libro que llevaba para ocupar los ratos muertos que se suelen pasar en los viajes, aunque en este caso, como ya sabéis, yo pasé la mayoría de ese tiempo durmiendo."